Carta para Isabel

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“Hoy cumplo 50 años y mientras te escribo, hija querida, a mi lado se encuentra el hombre por el que lo di todo: tu padre. El hombre que todos me advirtieron no debía casarme, pero yo por mi rebeldía y porque creí que estaba enamorada de él, lo hice. El mismo que, en su indiferencia, pero principalmente, por su ignorancia ni siquiera es capaz de tomar atención a lo que estoy haciendo. No le importa lo que estoy escribiendo y solo me mira de reojo, tomando el café y el pan con mermelada que acabo de prepararle, disfrutando de su matinal de televisión antes de irse a su trabajo de obrero.

En este día que parece cualquiera, porque ni siquiera me ha saludado por mi cumpleaños, he decidido que será el último junto a tu papá, porque tienes que saber que en cuatro horas más, tomaré un vuelo hacia Canadá para no regresar nunca más. Sí, lo que lees hija: me voy a Canadá.

Quiero que sepas que esta decisión no es antojadiza, la tomé hace mucho tiempo, en realidad hace años, pero la oculté por miedo a que tu papá o tú quisieran detenerme. Lo siento mi amor, pero yo permití que tu padre me anulara como persona, profesional y como mujer y ya no puedo más. En toda esta historia lo único que tuvo sentido para mí fue ser tu mamá, todo lo demás fue una permanente tortura sicológica, porque yo soy muy distinta a tu padre y tú sabes que lo que digo es verdad.

¿Y por qué decidí irme en esta fecha? Porque es un símbolo para mí. Una fecha que me dice que ya no puedo seguir esperando un día más para hacer mi vida. Esa vida que siempre me correspondió y dejé ir cuando me casé con tu padre. Es mi tiempo, es el momento de volver a ser yo misma.

Hija, lamento ser tan ruda al decir todo esto, pero es que la diferencia de cultura entre tu padre y yo siempre fue demasiado grande. Es cierto que los primeros meses de casados fueron buenos, porque de verdad pensé que mi amor era más grande que todo lo demás, pero el tiempo me demostró de la manera más cruel que no puedes engañar a la vida, porque yo cuando lo hice, perdí todo. Esta ceguera me llevó a forzar una relación con un hombre que no era como yo. Y esa frustración creció tanto, y por tanto tiempo, hasta la desesperación.  Sí, porque yo veía como mis hermanas y hermanos conseguían todo lo que querían con su trabajo y con sus esposos y esposas, que eran culturalmente sus pares, y yo, en vez de avanzar, bajé tanto, hasta el punto de no ser más yo misma.

Isabel, por favor entiéndeme, ya tienes 25 años y una carrera que esperé que terminaras y ahora ya trabajas bien. Es mi momento, un momento que ya no puedo postergar más. Necesito irme ahora.

Solo quiero recordarte un par de cosas para que puedas dimensionar lo que me ha ocurrido todo este tiempo ¿Recuerdas todo lo que vivimos cuando tú eras pequeña y como yo juntaba el poco dinero que me daba tu padre para la comida de la casa y con eso a veces podíamos comer algo mejor tú y yo? ¿un buen trozo de carne, un helado o yo te compraba algo que tú querías? Pues bien, parte de ese dinero lo ahorré  y con disciplina pude juntar un poco y cuando trabajé de empleada doméstica o cuando planchaba ropa ajena, también guardé un poco más. Y todo eso lo hice para llegar a este instante.

Hija, yo te lo conté un par de veces: yo era una asistente social exitosa y en ese trabajo conocí a tu padre, me enamoré de él y lo dejé todo. Es cierto, fue mi culpa porque me advirtieron lo que me iba a ocurrir y yo desafié a la vida para estar con un hombre que después me obligó a dejar mi trabajo, y lo peor de todo, es que yo lo acepté en nombre del amor.

Según su concepto yo no podía ser más que él y así  nuestra vida no fue buena. Siempre fuimos pobres por su machismo y al ver todo eso que perdí, entendí muy pronto que debía divorciarme. Pero te preguntarás, ¿por qué no lo dejé antes? la respuesta es sencilla: por ti. Porque me prometí que te educaría, que lo daría todo por criarte.

Ahora, es mi turno. Quiero otra vida y si me amas lo suficiente, me comprenderás. Por favor, déjenme ser feliz a mi manera.

Cuando esté instalada en Canadá donde tengo visa para trabajar y estudiar… te llamaré. Estudiaré Inglés con una beca que conseguí. Sí, a mi edad, aunque no lo creas y es maravilloso. Siento que la vida me está dando una segunda oportunidad para ser la mujer profesional que siempre fui y ahora volveré a ser.

Te quiero. Un beso, mamá”…

                                                                         ………..

-Eso es todo lo que dice papá- lo siento mucho. Ella se ha ido para siempre…

-Yo sabía… me quiso muy poco…muy poco…tu mamá -dijo Carlos mientras sollozando caía sin fuerzas a su desgastado y percudido sillón, en el que siempre se acomodaba y que constantemente su mujer zurcía.

-No sé cómo voy a vivir sin ella, hija  -se lamentó Carlos, mientras Isabel, volvía a colocar en la mesa del comedor la carta que su madre les había dejado y donde Carlos y Isabel hacía solo unos minutos atrás, habían colocado la torta, los sándwiches y el regalo que ambos habían comprado para celebrar el cumpleaños de Raquel.

                                                                                   ……….

Dos días más tarde, y al otro lado del mundo, Raquel no se atrevía a llamar aún a su hija para decirle que estaba bien. No estaba preparada para escuchar los reclamos y el rechazo de Isabel. Sumida en ese pensamiento, el timbre de su nuevo departamento en Ottawa sonó y extrañada miró por el ojo de la cerradura donde pudo reconocer el rostro de un hombre que  había visto el día antes, mientras se instalaba en su nuevo hogar. Al abrir la puerta, un gentil saludo la hizo sentir acogida.

-Hola, Soy Sebastián…tu vecino. Vivo en el piso de abajo. Puedes contactarme en cualquier momento que lo necesites. Solo vine a darte la bienvenida…

Raquel al ver el bello y sonriente rostro de su  vecino y al percatarse de la forma tan seductora de expresarse,  sintió que verdaderamente una nueva vida  comenzaba para ella y una  emoción recorrió  su estómago, como si fuera una chica de 20 años.

-Muchas gracias Sebastián  –respondió  sonrojada Raquel, mientras el guapo Sebastián  después de entregarle una roja flor, se dirigió  a las escaleras con dirección a su departamento, pero volteando  una y otra vez hacia donde estaba Raquel, haciéndola   sentir que la vida volvía a ser hermosa para ella.

 

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