—Amiga, amiga, parece que ahí viene…Sí, sí. Se parece a él y viene acompañado de un señor mayor —dijo Cecilia, señalando con su índice el gran ventanal transparente de la entrada del Hotel Sheraton. Es el padre, yo lo he visto en fotos en las revistas.
—Debemos movernos de aquí —propuso Lucy a Cecilia. Hay mucha gente y me están apretando.
—Toma mi mano para que no nos perdamos —respondió Cecilia, ciñendo fuerte la mano de su amiga, mientras se movían lentamente y a empujones entre medio de las cien chicas que esperaban al artista mexicano, Emmanuel.
—Vamos hacia el otro lado. Solo sígueme, por aquí no vamos a conseguir nada. Ya vi por donde nos podemos meter —dijo Cecilia gritando al oído a su amiga, en tanto Lucy levantaba sus cejas y fruncía los labios.
—Se ve tan guapo… Mira, parece que danza —Cecilia seguía gritando al oído de Lucy.
—Ella…la enamorada —dijo Lucy levantando su mirada al cielo. Oye, oye…¡qué te pasa! levantó más la voz Lucy cuando vio a una chica muy maceteada empujarla hasta hacerla resbalar y casi caer al piso. ¡Nosotras llegamos primero! ¡córrete!
—Sí, cuidado, ten más respeto —apoyó Cecilia a Lucy —. La decisión de ambas hizo que la chica se moviera levantando las manos y caminara unos pasos hacia atrás, hasta toparse con otra chica que la empujó.
—Tranquilas, si todas vamos a saludar a Emmanuel ―dijo la muchacha sonriendo. ¡No se molesten tanto!
—Ok, te entiendo —dijo Cecilia, al momento que ya varias chicas estaban pidiendo el autógrafo al baladista mexicano.
—Mira Cecilia…por estar conversando se nos adelantaron esas pendejas —dijo Lucy. Anda a ver a tu amor o te van a ganar. ¡No pajaronees o vas a perder!
—Sí, sí…ya voy —entendió Cecilia.
—Señoritas —dijo un guardia del Hotel—. Emmanuel necesita llegar a su limusina. Va a un programa de TV y está atrasado.
—No, no. Está bien. Yo firmaré algunos autógrafos. Déjenlas —respondió Emmanuel mientras sonreía y se escuchaba un ensordecedor griterío de chicas al unísono.
—Viste amiga. Qué te dije. Él es tan lindo que se preocupa por las chicas que lo vinimos a ver— suspiró Cecilia.
—Es lindo —dijo Lucy. Pero es más bajo de lo que pensé…
—No es bajo —replicó Cecilia. Yo soy alta, y tú también, es eso. Es de mi tamaño, tal vez un poco más que yo.
—Mira ya estamos casi al lado de tu amor. Te va a dar un autógrafo…¿estás feliz?
—Ufff muy feliz, amiga. Lo amo…
—Chicas, calma…firmaré a todas, pero me voy a la limusina y ahí seguiré—dijo Emmanuel.
—Estoy muy nerviosa, Lucy —dijo agitada Cecilia.
—Amiga, lo que veo es que Emmanuel le está dando unos piquitos a las fans.
—Uff qué voy a hacer, ya me pusiste más nerviosa.
—Es que aprovecha. Es tu amor. Dale, dale…
—No doy más de ansiedad.
—Ahora Cecilia, anda.
Frente a la puerta de los pasajeros de la parte trasera de la limusina. Cecilia miró a Emmanuel que estiró su mano para recibir la libreta que le ofrecía Cecilia para firmar.
—Por favor Emmanuel me das tu autógrafo. Soy una gran fan, yo adoro tu música.
—Claro. Espera.
En silencio, Emmanuel, escribió más que un autógrafo. Era un tiempo que a Cecilia le pareció eterno y donde pudo mirar de pies a cabeza a su admirado Emmanuel, que vestía muy masculino y olía a perfume delicioso y que muy seguramente era muy caro.
“Me escribe algo más, ¿qué será?” , pensó Cecilia, mientras sentía su corazón palpitaba a toda velocidad.
Al momento de terminar de escribir en la libreta de Cecilia, ella habló con voz lenta y entrecortada.
—Emmanuel, ¿te puedo dar un beso?
—Claro que sí —respondió Emmanuel esbozando una sonrisa, estirando su cuerpo hacia delante, mientras le ofrecía sus labios a Cecilia. En ese momento, Cecilia sintió que le ardían sus pómulos y al acercarse dio vuelta su cara, besando a Emmanuel en la mejilla derecha. Inmediatamente, tomó su libreta y dio el paso a otra chica que también estaba muy agitada esperando el autógrafo del artista.
—¿Qué pasó, amiga? Dime, dime por favor….¿ lo besaste?
—Sí, en la mejilla —respondió Cecilia muy rígida y vacilante, con la respiración muy rápida.
—¿En la mejilla? Pero, ¿por qué? vi desde acá que a muchas chicas las besó en los labios…y ellas mismas lo dicen después…¿Por qué a ti no te besó en la boca?
—Es que fui yo quien se lo di en la mejilla. Él me ofreció sus labios…
—¿Qué? ¡Estás loca!…¿por qué hiciste eso?
—Porque me dio vergüenza…
—Amiga, perdona que te diga, pero eres una tonta. Uff —dijo Lucy mirando al cielo—. Esta oportunidad te la perdiste. No creo tengas otra. ¿Y qué te escribió?
—Algo muy hermoso, como es él.
— ¿Qué?
—Cecilia, por las lunas, besos, Emmanuel.
—Bueno, eso compensa las horas que esperamos. Ahora deberás acompañarme a mí a ver a Chayanne cuando venga. Me lo prometiste y te lo voy a cobrar.
—Sí, yo te acompañaré y aprende de mi tontería —dijo Cecilia moviendo la cabeza de un lado a otro, con voz entrecortada—. Tienes razón amiga, qué tonta soy. Siempre voy a recordar que pude besar a Emmanuel en su boca y no lo hice por vergüenza. Estoy para el campeonato de las estúpidas. Es mi ídolo y no pude… debo conformarme con verlo esta noche en el programa de TV…. Pero no, no, no… no puedo creer que Emmanuel me ofreció un beso y yo lo rechacé… —dijo Cecilia abrazando a su amiga Lucy mientras un par de lágrimas se deslizaban por su rostro.

2 comentarios. Dejar nuevo
Que lindo relato, también estaba ese día, en ese mismo lugar, soñando mismo que tú. Fue ahí donde te conocí, a ti, y a tu amiga Lucy. Por un instante ,mientras leía tu relato, y repasaba en mi cabeza esos momentos, los recuerdos se detuvieron en mi mente, se congelo ese instante en el tiempo, oliendo su perfume, viendo su hermosa sonrisa en cámara lenta, viendo a don Raúl ( su padre, el señor ya de edad) hablándome y reconociendome, como si hoy fuese ese ayer. Me quedan de esos preciosos instantes, unas fotos mal tomadas, recuerdos que atesoro hasta hoy.
Gracias por traer a mi memoria tanta felicidad, un abrazo Cecilia.
Muchas gracias Marjorie. Me alegro mucho que te haya traído lindos recuerdos. Fue una época hermosa que siempre tendremos en nuestro corazón. Un abrazo.